EL IMPACTO DE LA CIENCIA NO SE MIDE EN LIKES
¿Y si el verdadero éxito de un contenido no son los millones de reproducciones, sino que el espectador haga algo después de verlo?

El día de ayer, 24 de septiembre de 2026, tuve la oportunidad de participar en la XI Muestra Nacional de Imágenes Científicas (MUNIC 2026), en la mesa redonda “Plataformas Digitales: nuevos formatos y estrategias de exhibición”, realizada en la Sala Carlos Monsiváis del Centro Cultural de la UNAM.
Tuve la fortuna de compartir este espacio con Tania Benavides, Gestora de Redes Sociales de la DGDC UNAM , y Deyanira Almazán, Directora General de Chema Tierra , en una conversación moderada por Roxana Eisenmann, Directora General de MUNIC.
La mesa abrió un espacio de reflexión sobre el papel que tienen actualmente las plataformas digitales para acercar la ciencia a nuevas audiencias.
Conversamos sobre el valor de la exhibición de productos científicos, las posibilidades que ofrecen los formatos digitales para amplificar los mensajes de la ciencia sin perder el rigor y la importancia de adaptar las estructuras narrativas a piezas visuales más breves sin perder profundidad.
También abordamos cómo estos nuevos formatos pueden complementarse con los largometrajes científicos, el valor de la retroalimentación de las audiencias y los retos que plantea el futuro de la divulgación científica en los entornos digitales.
Más allá de hablar de plataformas y formatos, el encuentro permitió poner sobre la mesa algo fundamental: detrás de cada pieza de divulgación existe un proceso creativo, estratégico y científico cuyo valor también determina el impacto que puede tener un mensaje en la sociedad.

En un entorno donde la viralidad suele convertirse en una de las principales formas de medir el éxito de un contenido, vale la pena preguntarnos: ¿qué pasa después de que alguien ve nuestro contenido? ¿Se queda con una curiosidad? ¿Aprende algo nuevo? ¿Cuestiona una idea? ¿Comparte ese conocimiento? ¿Toma una decisión o realiza una acción a partir de lo que aprendió?
La participación del público enriqueció la conversación a través de preguntas, intercambio de experiencias y reflexiones sobre cómo incorporar las nuevas tecnologías y formas de comunicación a sus propios proyectos de divulgación.
Fue una oportunidad para reconocer que divulgar ciencia también implica entender dónde están las audiencias, cómo consumen información y qué nuevas posibilidades narrativas existen para conectar con ellas, sin renunciar al rigor y al valor del conocimiento científico.
Quizás el verdadero impacto de un contenido no está únicamente en cuántas personas lo vieron, sino en qué dejó en ellas después de verlo.




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